Coordenada 21 

Oaxaca, democracia acotada. Por Samael Hernández Ruiz.

Elecciones en Oaxaca

Por Samael Hernández Ruiz.

Las próximas elecciones en Oaxaca no sólo serán importantes por lo que se juega en ellas, sino porque marcarán una etapa en el porvenir de la democracia en el estado.

El gobierno de Gabino Cué Monteagudo no configuró un proceso de transición a la democracia en Oaxaca, parece haber coincidencia en que para esta etapa que culmina, solo se puede hablar de alternancia, en la que una coalición ganadora sustituyó al Partido Revolucionario Institucional (PRI).

Habrá que aclarar a qué nos referimos cuando hablamos de democracia; en términos sucintos, nos referimos a una sociedad cuyas instituciones y cultura, llevan a constituir gobiernos mediante la votación universal, directa, libre y secreta de sus ciudadanos, para elegir a quienes los representarán en el ejercicio de la función pública.

La democracia es una de las maneras en como puede operar un sistema político; no es ni buena ni mala, sino funcional a para ciertos propósitos en un marco cultural determinado. En otros sistemas sociales, como el de la ciencia, la democracia no es aceptable, por sólo mencionar uno. Otros sistemas sociales aceptan los métodos de la democracia con algunas restricciones, como las familias y las organizaciones empresariales, por ejemplo; en otras palabras, el modelo de la democracia para construir gobiernos, liderazgos o tomar decisiones, no es universal, aunque sin duda opera mejor en el campo de lo político.

Los efectos positivos que se esperan de este modelo político en la economía, la ciencia, la educación, el arte y la calidad de vida de la población, son más bien expectativas incumplidas; no obstante, lo contrario podría tener más sentido, es decir, que una economía pujante, una alto desarrollo científico y tecnológico, una mejor educación, la creación y el consumo del arte y una población en estado de bienestar, contribuyen a una mejor democracia; en todo caso, se esperaría que una interacción compleja entre el sistema políticos democráticos, y otros sistemas sociales podría mejorar las cosas.

Si la democracia no repercute directamente en los otros ámbitos de la vida social ¿Para qué nos sirve? Respondo: para asegurar la posibilidad e incrementar la probabilidad de que quienes nos representan, resuelvan los asuntos públicos en función del interés de las mayorías o en el peor de los casos, eviten que se resuelvan siempre en función de las minorías, todo lo anterior en cumplimiento de un marco normativo aceptado por todos.

En Oaxaca la conducta electoral ciudadana se vincula con una cultura de la colectividad, que no siempre concuerda con la cultura democrática que es por lo general individualista. Los actores colectivos electorales en Oaxaca, parecen propensos al corporativismo, o al clientelismo de cualquier tipo; por otra parte, el voto individual, libre, se expresa en espacios socio-económicos particulares y hasta ahora reducidos.

La población de Oaxaca ha vivido durante su historia situaciones que han dado forma a una cultura poco compatible con la cultura democrática. La conducta cívica del ciudadano oaxaqueño no es muy moldeable por las instituciones liberales constituidas a mediados del siglo XIX y fortalecidas durante todo el siglo XX; este hecho lo observa Ugo Pipitone en su libro donde compara a Oaxaca con otras regiones del mundo y la califica como una modernidad congelada (Pipitone, La modernidad congelada. Oaxaca, Kerala y Sicilia. CIDE, 2011).

El concepto de Pipitone, podría parecer descontextualizado si no consideramos la existencia de instituciones comunitarias aparentemente igualitarias, pero que responden a sedimentos culturales autoritarios y asimétricos en cuestiones de género y religión, por ejemplo.

Un análisis de la historia política de Oaxaca, nos llevaría a concluir que, junto a las instituciones modernas, funcionan otras de origen incluso prehispánico, al lado de las coloniales. La diversidad de instituciones políticas que constituye el ámbito de acción política del oaxaqueño nos permite hablar de una democracia acotada, acotada el sentido de que sus instituciones no operan de manera universal en la jurisdicción oaxaqueña. Lo anterior debe influir, necesariamente, en la forma en como el oaxaqueño socializa lo político y construye las narraciones de su vida cívica cotidiana.

Un proceso de transición a la democracia, sobre todo cuando las instituciones prescritas por el Estado de Derecho existen y operan en ese sentido, debería suponer la gradual extinción de aquellas no-democráticas o al menos la supeditación de éstas al marco normativo democrático. Pero no sucede así, o al menos no tan aprisa como es deseable.

En el contexto anterior, el triunfo y gobierno de Gabino Cué Monteagudo, será sólo una parte de un proceso más amplio que está teniendo lugar en Oaxaca.

En el actual proceso general parece predominar el desencanto por y en los partidos y personalidades políticas; pero más a fondo, lo que se está resquebrajando es el sistema corporativo de manipulación del voto ciudadano. Lo anterior no significa que otras instituciones no plenamente democráticas estén en crisis, como la elección de autoridades por usos y costumbres en 417 municipios de la entidad, o bien el clientelismo.

Afirmo que el corporativismo está en plena crisis, porque tanto en el PRI, como en el PRD, y que  dicha forma de manipular el voto ciudadano presentará serios problemas al utilizarla, en vista de las pugnas internas en dichos partidos. Un ejemplo muy claro de como colapsan los organismos corporativos por su simplicidad, fue la crisis que sufrió el Movimiento de Unificación y Lucha Triqui (MULT) al separarse del Partido Unidad Popular (PUP) a causa de divisiones internas. El MULT y el PUP, fueron pensados como las dos caras de una misma moneda, integración que parecía ser la forma en como se pensó resolver la inserción de un partido político local en un mundo moderno, sin abandonar sus viejas prácticas antidemocráticas. Antes, la Coalición Obrara Campesina Estudiantil del Istmo (COCEI) había intentado algo parecido utilizando el registro de otros partidos, pero su transformación de un organismo corporativo a otro clientelar, significó un sobre peso que terminó por hacer colapsar el modelo inicial, hoy quien confíe en las bases que aún quedan de la vieja COCEI, para postularse como candidato, tienen que considerar el alto costo económico que representa sostener una clientela voraz.

El mecanismo de manipulación clientelar podría correr la suerte que ya anunciaron otros partidos con su experiencia, confiar en comprar el voto ciudadano con alguna dádiva, a la larga resulta insostenible.

En las elecciones del 2016, el voto individual, libre, razonado y secreto, convivirá más con un clientelismo desgastado que con un control corporativo; no obstante, este último se expresará con vigor en las comunidades indígenas donde los Tata Mandones y caciques todavía controlan la conducta cívica de quienes no terminan por encajar en el concepto moderno de ciudadanía.

El proceso de transición hacia la democracia en Oaxaca, está en marcha, si avanza o no, dependerá de que los oaxaqueños se asuman, eduquen y actúen desde una cultura moderna ante la imposibilidad de los partidos políticos de abandonar las viejas prácticas de manipulación del voto, en vez de ofrecer y convencer a los ciudadanos de sus propuestas de sociedad y de gobierno y asumir una ética que no deje duda de que representan el interés de la mayoría y de las minorías vulnerables.

 

 

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